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Lupín es un joven que con 23 años supo burlar a la justicia hasta hace poco cuando fue detenido y hoy se encuentra tras las rejas. Una sagacidad e inteligencia sin igual lo caracterizan. Se dedicaba a estafar a personas por Internet (ganaba más de €300.000 mensual),  y en ocasiones se hacía pasar por un guardia civil de la UCO para investigar el estatus de las denuncias.

Se mudaba constantemente, durante más de un año escapó de las autoridades para evitar una orden de arresto. Un chaval muy astuto que conocía el proceder y lenguaje empleado por los investigadores de la Guardia Civil.

Desde pequeño buscaba mantenerse y comenzó sus andanzas utilizando un sistemático modus operandi con el que engañó por entonces a una famosa empresa de productos nutritivos siendo detenido un mes después.

Con el tiempo se las ingenia para contratar a individuos que crearan páginas web engañosas provisionales que vendían productos tecnológicos y cuyos nombres eran parecidos a las páginas originales. Cuidaba todos los detalles, incluso pagaba a Google anuncios asegurándose que los usuarios navegaran con facilidad, cayendo como incautos en ofertas de artículos que nunca llegaban a sus manos.

Aprovechaba la compra y obtenía los datos de los clientes (nombre, número del móvil, del DNI y de la tarjeta de crédito) para estafarlos. Los reclamos no se hacían esperar pero Lupín se las ingeniaba y salía ileso, justificando una falla en el sistema.

El movimiento de sus cuentas bancarias fue vertiginoso; hasta tenía testaferros que no conocía. Llegó a suplantar la identidad de sus víctimas simulando ser un agente de banco y les retiraba todo el dinero. Al ser descubierto por la seguridad desaparecía; repitió la operación por mucho tiempo sumando denuncias.

Parte de la gran fortuna acumulada por sus fechorías, la donaba a organizaciones no gubernamentales y a un familiar cercano; llegó a devolver dinero a muchos de los que habían sido estafados. Ante el temor de ser aprehendido extremaba la seguridad y sus secuaces alquilaban los pisos donde se escondía. Sus movimientos eran imperceptibles, de hecho acostumbraba a movilizarse en varios taxis.

Planificó sus jornadas de trabajo con el fin de no movilizarse constantemente por la ciudad. Mientras tanto planificaba un golpe que ejecutaría el Black Friday donde aspiraba hacerse con un millón de euros, el cual fracasó.

Lupín se envileció más, consumía drogas, derrochaba dinero en viajes y placeres sin percatarse que los agentes de la UCO estaban tras su pista hasta que dieron con su dirección, siendo tomado por sorpresa. Hoy en día está en la cárcel custodiado por dos agentes de la UCO con grilletes puestos; su vida delictiva se detuvo, ahora aguarda por una sentencia.

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