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Tan sólo en el año 2017,  65.602 es la cantidad de personas que han fallecido en Brasil asesinadas, un record en  la historia de Latinoamérica.

Según investigaciones con respecto a los mapas de violencia, Brasil es uno de los que más reportes de asesinatos poseen, la cual no cesa de aumentar debido a que la tasa anual de muertos  es calculada en 31,6 por cada 100.000 habitantes.

Según apreciación de la Organización mundial de la Salud, se denomina “Epidemia de violencia” al hecho de que el índice de la misma sobrepasa a las diez muertes en esa población, hecho que lamentablemente en Latinoamérica es cada vez más común, pero en el caso de Brasil es tres veces mayor  cualquier otro.

En España el índice de muertes por violencia es de 0,6, es decir, la antítesis de Brasil, pues es considerado uno de los países más seguros del mundo.

Como principales causas de estos hechos se tienen en primer lugar la ya conocida guerra entre grupos del narcotráfico el PPC o Primer Comando de la Capital y el CV o Comando Vermelho. Río de Janeiro ocupa el segundo lugar en seguridad mientras que el estado de Sao Paulo el décimo.

La fisura racial queda al descubierto porque la mayoría de los crímenes lo sufren jóvenes de edades comprendidas entre 15 y 30 años, por lo que las diversas autoridades opinan que éstos son considerados juventud extraviada, debido al color de la piel.

Los asesinados de personas de color representan un 75%, mientras que la tasa de blancos, indígenas o brasileños, de origen asiático asesinados es de 16.

A esto no escapan los femicidios que se estima que se encuentre en un 30,7% por cada 100.000 habitantes, mientras que el grupo LGTBI formado por lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales, se encuentran en los más perseguidos y asesinados y representan un 127%, adicional a que han tenido que abandonar por fuerza Brasil, huyendo hacia otros países.

Tal nivel de violencia y asesinatos, se debe a la gran descomposición social en una sociedad cuyos grupos más vulnerables están centralizados en zonas específicas, es como si se tratara de dos países diferentes en un mismo espacio: el de los negros y el de los que no lo son.

A pesar de que en el año 2003 fue aprobado el Estatuto del Desarme, los homicidios son realizados con armas de fuego que acabó con 47.500 vidas entre los años 2016 y 2017. Gracias a esta ley se han podido prevenir más homicidios, disminuyendo la adquisición y el porte de armas, ley altamente criticada por su presidente, Jair Bolsonaro.

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