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Por un lado el primer ministro de Gran Bretaña aplicando estrategias nada sencillas y hasta contrapuestas en escenarios de distintas dimensiones, cual tablero de ajedrez múltiple y por otro se va extinguiendo una vez más el respiro político de Bruselas.

El Brexit sigue generando un mar de confusiones y contradicciones para los líderes de la Unión Europea, quienes se enfrentaron a la disyuntiva de debatir sobre otra prorroga del Brexit o analizar un acuerdo sin saber que era lo que se esperaba de ellos, en el marco del proceso de elaboración de la agenda para el Consejo Europeo.

Finalmente las líneas generales para llegar a un acuerdo establecen que le corresponde a la Unión Europea definir de qué tiempo dispone el Parlamento del Reino Unido para rechazarlo o aceptar el mismo.

En paralelo se están llevando importantes negociaciones, de eso no hay duda, están las que lleva adelante el primer ministro británico y el equipo de Michel Barnier en la UE por una parte y por la otra las del Gobierno británico en pro de conseguir en la Cámara de los Comunes apoyo del pacto cerrado de forma mayoritaria.

Mientras Boris Johnson hace la tarea de moverse simultáneamente en dos frentes.

Una forma sencilla de explicar este escenario protagonizado por el ministro, es un tablero de ajedrez tridimensional en el que este hace jugadas al mismo tiempo en distintos escenarios.

Esto implica estrategias muy complejas y opuestas entre sí que apuntan a llevar adelante negociaciones de índole internacional fuera de casa, a la vez que se mantiene el poder dentro de ella, una situación tan difícil de comprender como de explicar.

Para el primer ministro resulta indispensable idear un plan que para la Unión Europea sea satisfactorio sin dejar de asegurarse que cualquier acuerdo alcanzado también debe contar con el respaldo de la mayoría sólida del Parlamento.

De cara a las negociaciones entre la UE y el Reino Unido ha sido magistral la jugada del ministro, la cual implica la aceptación de una relación ampliamente libre con Bruselas donde el Reino Unido se aparta de las regulaciones de la UE, adquiere la capacidad de conseguir acuerdo comerciales propios y quedaría Irlanda de Norte fuera de este futuro económico.

Una propuesta de acuerdo que no es nueva y que de hecho estando Theresa May al mando de las negociaciones negó la posibilidad de que ministro alguno aceptara tal cosa. Ahora resulta interesante saber la postura del Parlamento frente a tal acuerdo y al parecer los pasos a seguir son complicados, políticamente hablando.

De no conseguir aprobación del Parlamento, Johnson está obligado a solicitar una prórroga esta misma semana a la UE la cual pudiera restar la ventaja que tiene actualmente el ministro con la mayoría conservadora.

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