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Los profesionales de la sanidad nos hablan de la afectación emocional que tiene la hospitalización de las personas. Desorientación y cambios de ánimo son las manifestaciones más habituales de los enfermos.

En general, el enfermo sufre alteraciones del sueño por la iluminación permanente y, demasiado a menudo, la ausencia de ventanas, que le hacen perder la noción del tiempo. También es usual que la persona ingresada en un hospital comparta la habitación con otras personas que le son extrañas, lo cual le genera inseguridad, ansiedad e, incluso, pánico.

La despersonalización y la atmósfera estresante del hospital en donde es usual que no se tomen medidas para evitar esa atmósfera, la falta de privacidad, despertarse en medio de la noche desorientado y exámenes por parte de extraños que pueden no identificarse no ayudan a esta sintomatología. Estos sentimientos los sufren los enfermos ingresados sea cual sea su edad, y pueden llegar a provocar cuadros de ansiedad agudos, e incluso episodios de ataques de pánico muy severos.

La importancia de las visitas

Estas situaciones pueden agravarse cuando se realiza un ingreso en cuidados o vigilancia intensiva con el paciente consciente de su situación. Por añadidura, la persona siente que está enferma o que no se encuentra bien, lo cual hace que se sienta muy débil y vulnerable.

Con todo esto, podemos concluir que la necesidad de las visitas a un familiar, amigo o conocido hospitalizado son una necesidad para que esta persona conserve el ánimo y la fortaleza, pueda estar un rato entretenido, se ponga al día de la situación de su entorno (tanto a nivel de noticias, como de su círculo íntimo) y pueda verbalizar su situación.

Prevenir las recaídas

Diferentes estudios realizados por analistas de los servicios de salud de los EE.UU. nos hablan también de las altas tasas de reingreso hospitalario en personas mayores de 65 años, como consecuencia de falta de atención a pacientes durante una hospitalización.

Se trata de un problema muy común y cada vez más creciente en la población española, que está envejeciendo a pasos agigantados. Cuando una persona mayor es ingresada en un hospital, es bastante habitual que vuelva a recaer y tenga que volver a ser hospitalizado en un período bastante corto.

Problemas añadidos

No podemos esperar que, a corto plazo, el sistema sanitario, público y privado, implante soluciones para mejorar el bienestar de los enfermos ingresados en un hospital, pese a que existe una verdadera preocupación por ello. Esta mejora ayudaría en gran manera a prevenir recaídas.

Así, queda en nuestras manos el atender debidamente a nuestros familiares ingresados. Pero nuestras obligaciones laborales y familiares hacen que ello pueda llegar a ser muy complicado. Intentamos organizarnos con nuestros parientes para que esa persona no se quede sola nunca, pero muchas veces acaba resultando imposible.

El problema se recrudece cuando se trata de atender a nuestro familiar por la noche: realmente, hay muchos centros hospitalarios que no tienen unos mínimos de comodidad para que las personas que atiendan a los enfermos no acaben agotados. Además, para atender a un enfermo por la noche debemos estar acostumbrados a esos horarios, puesto que no es fácil mantenerse despierto y activo

Un servicio en alza

Ante toda esta situación y esta posibilidad de recaídas y reingresos, desde hace un tiempo ha surgido un servicio de pago que ayuda a las familias de manera definitiva. Se trata del acompañamiento hospitalario. Consiste en la coordinación con las familias de profesionales que asisten y acompañan a las personas hospitalizadas en diferentes turnos fijos o bien en momentos puntuales en donde los familiares tienen incompatibilidades con estas vistas por razones de trabajo o familiares.

Estas personas son expertos enfermeros, en muchos casos especializados en geriatría, pero también en auxiliar de clínica o fisioterapia, todos ellos con titulación y experiencia. Además, sabedores de las dificultades de las personas para los turnos de noche, ofrecen sus servicios mayoritariamente para esas horas, pues son personas acostumbradas a los turnos de noche.

Además, pueden actuar como coordinadores de las familias con los centros sanitarios, estando presentes en las visitas médicas. Al ser personas con amplia experiencia en el campo de la salud, pueden ayudar a comprender, tanto al enfermo como a la familia, el estado de esta persona y su evolución.

Por otro lado, pueden ayudar a movilizar al enfermo, acompañarle al baño, supervisar su higiene, ayudarlo con la comida, supervisar la medicación, estado de las vías y del suero, en caso necesario; dar pequeños paseos y, sobre todo, prestar conversación, empatía, cariño y calor a esa persona, para que su ingreso hospitalario no sea tan traumático y realmente sirva para recuperar su salud.

Son cada vez más las familias que acuden a estas empresas de servicios de acompañamiento hospitalario y los resultados son cada vez más claro: además de ayudar a las familias, ayudan también al enfermo.

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