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Muchas son las promesas de los políticos que suenan huecas en una gran parte de la población chilena, aquella que sufre los embates de una realidad agobiante que pareciera imperceptible a simple vista y que les lleva a enfrentar situaciones difíciles, producto de la falta de oportunidades de educación y empleos dignos, dejándoles muy pocas opciones de vivir una vida decente.

Y es que una buena parte de la población chilena reside en los suburbios de las grandes ciudades, en condiciones francamente poco favorables y carentes de los servicios más elementales y llamados campamentos.

Según algunas fuentes, existen más de 700, cobijan a grupos familiares que por sus condiciones socio económicas no tienen acceso a una vivienda con todas las de la ley y lo alarmante es que estos grupos han ido aumentado en los últimos 6 años.

Estos habitantes de asentamientos improvisados cuentan con el apoyo de la Fundación Techo para encaminarse en pro de obtener un techo digno de un ser humano, la cantidad de familias es esta situación de supervivencia contabilizan al menos unas 40.000.

La supervivencia en estos campamentos es diaria, las viviendas si se pueden llamar así, son construcciones improvisadas con todo tipo de materiales carentes de toda clase de seguridad, confort y tranquilidad para quien la habita.

El estudio muestra que las regiones con mayor pobreza infantil son la Araucanía y Biobío con un 33% y un 30%

Calles improvisadas llenas de basuras, sin alcantarillados que esperan a que la mirada de un Gobierno Chileno que ha visto crecer su economía favorablemente se pose sobre ellas y deje de ser tan indolente; allí llegan muchas personas que se han quedado sin empleo o si lo tienen no ganan lo suficiente para pagar un alquiler, por lo que la única opción es mudarse allí donde medianamente pueden costear los gastos mínimos de alimentación y tener un “techo”, tal como lo explica Amalia Llebul que reside en uno de estos desde hace 6 años.

Amalia trabaja activamente para su comunidad llamada Santa Teresa, a ella le deben el haber ahuyentado a personas ajenas del mal vivir que solo llegaban a ocasionar problemas con armas y drogas, se las arregló para cercar la comunidad y ahora con el apoyo de la Fundación Techo tendrán una pequeña cancha para que los niños inviertan su tiempo de ocio en actividades sanas.

Si el estado desea dar apoyo a estas comunidades debe conseguir la manera de combatir la desigualdad entre los que más ganan y los menos favorecidos, también debe luchar para derrotar la dinámica de mercado que excluye por selección natural a estos grupos de personas de los barrios de viviendas dignas; podría también emprender las medidas necesarias para que los recursos lleguen a estas personas y puedan urbanizar los campamentos ya existentes.

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