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La irrupción del grupo terrorista llamado Estado Islámico, escindido de Al Qaeda, cambia la situación en Irak con una ola de terror que pone en alerta a la comunidad internacional. Analizamos en cinco puntos las claves para entender este problema, que supone para una zona estratégica tan caótica y cómo puede responder Barack Obama.

1. ISIL, un nuevo frontFa apenas unas semanas, ISIL (Estado Islámico de Irak y el Levante) era un grupo prácticamente desconocido. Hoy, esta rama yihadista suní escindida de al-Qaeda controla gran parte del noroeste de Irak, con importantes zonas petroleras, y sigue conquistando territorios. Este movimiento insurgente, con una fuerte presencia en Siria, se ha servido de las redes sociales para dar a conocer y difundir la por.L’avanç de ISIL ha reactivado la alarma en Oriente Medio justo cuando Estados Unidos comenzaban a olvidar. Según la inteligencia estadounidense, el grupo radical cuenta con 2.000 millones de dólares que ha obtenido de las refinerías de petróleo que controla en Siria, lo que lo convierte en una nueva amenaza terrorista mundial.

2. El enrocamiento de al Maliki En 2010 Nouri al Maliki era el “amigo” de Estados Unidos en Irak. A pesar de no haber ganado las segundas elecciones post-Sadam Hussein, asumió la posición de primer ministro. También apoyado por Irán, con la intención de reforzar el chiísmo en Oriente Medio, debía gestionar la reconstrucción y estabilidad del país tras la retirada de tropas estadounidenses. Con el poder entre manos, al Maliki se consolidó con una actitud sectaria, depurando los rivales políticos, despreciando los acuerdos con los líderes tribales suníes que le habían ayudado a luchar contra al-Qaeda y politizando las fuerzas de seguridad entrenadas por los Estados Unidos.

El uso y abuso de poder se le ha vuelto en contra. Los suníes maltratados por el gobierno han radicalizado, engordando la maquinaria de ISIL en el territorio, y la administración Obama le ha dado la espalda. Ahora, la diplomacia estadounidense busca un nuevo hombre fuerte en Bagdad y reclama que la solución al conflicto pase por un gobierno de coalición entre suníes, chiíes y kurdos que haga frente al avance yihadista de ISIL.

3. El enésimo problema de ObamaLa lista de problemas de Obama va creciendo y parece no parar: la crisis en Ucrania, el programa nuclear de Irán, el escándalo Berghdal, las deterioradas relaciones con los líderes mundiales por las filtraciones de espionaje, el bloqueo de la reforma migratoria, etc. Como explica el corresponsal de Vox, Zack Beauchamp, la crisis de ISIL e Irak es el problema más “diabólico” de la administración Obama, ya que hace chocar dos pilares de su política exterior: el uso de los drones contra el radicalismo islámico y su compromiso a poner fin a la guerra de Bush.

Mientras tanto, el índice de aprobación del demócrata sigue cayendo en picado y los republicanos, con viejas figuras como Dick Cheney – vicepresidente con George W. Bush -, se suman a la fiesta de críticas y reprobaciones de las decisiones del president.

4. No renunciar a la diplomacia. En su discurso de política exterior en Camp David, Obama prometió que no se involucran en más conflictos y que velaría, siguiendo el modelo de su mandato, por la diplomacia. No se puede acusar al presidente de no intentarlo, de no ser coherente con el diálogo que predica. Otra cosa es que las palabras y las buenas intenciones pongan sobre la mesa alguna propuesta de resolución.

Consciente de su discurso y, a la vez, de los intereses nacionales, Obama ha prometido no enviar más tropas de campo en Irak pero no descarta la opción a bombardejaments selectivos. Para ello se han enviado más de 300 asesores militares en la zona que estudiarán el enemigo en caso de que fuera necesario una intervención. El primer paso, que John Kerry intente acercarse a los líderes chiíes, suníes y kurdos para estabilizar el conflicto.

5. Un paso en falso en un campo de minesL’Orient Medio es el punto caliente del planeta. Multitud de etnias, religiones, nacionalidades e intereses colisionan en un espacio geoestratégico que Estados Unidos intentan controlar desde hace años. La irrupción de ISIL y la crisis en Irak han sentado en la misma mesa al gobierno estadounidense y el iraní para acordar una coordinación que sería histórica. Sin embargo, el nuevo dolor de cabeza de Obama deja a los Estados Unidos en una posición incómoda y comprometida.

Una alianza con Irán, enemigo número uno en las últimas décadas, supondría un alineamiento indirecto con el gobierno de Bashar al Asad en Siria, también partidario de acabar con ISIL. Esto le podría suponer dañar, aún más, las relaciones con Israel, el principal aliado en la zona y defensor del bloqueo económico al régimen de los ayatolás. De ahora en adelante, los movimientos de Obama deberán ser de una precisión quirúrgica.

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