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La “Isla del encanto” sinónimo de alegría y riqueza, desde hace cuatro años está viviendo una serie de calamidades: huracanes devastadores, abusos de poder, fuga de la población, desempleo, quiebra económica, violencia, corrupción y pobreza.

¿Qué más tiene que agobiarla para llegar a clamar por justicia?

Darse cuenta que mientras pasaban necesidad y hambre después de ser azotados en 2017 por huracanes, subsistir sin luz y soportar que a sus muertos no tuvieran cómo y dónde sepultarlos, mientras sus gobernantes se burlaban de ellos.

Un chat del gobernador Ricardo Rosselló Nevares fue el detonante del descontento. En el mismo se observa cómo despreciaban e insultaban a los hombres y mujeres puertorriqueños.  Se confabulaban para aprobar agendas e ideaban cómo manejar a la prensa.

Antes de filtrase tal información, personas vinculadas con Rosselló habían sido arrestadas, como Ángela Ávila ex jefa de la Administración de Seguros de Salud (ASES) y Julia Keleher, ex secretaria de Educación.

Fue tan grande la indignación, que  el pueblo se lanzó a la calle sin importar edad, religión e ideología política; marcharon durante 10 días exigiendo la renuncia del gobernador. Los artistas y millennials jugaron un papel predominante en el levantamiento, incluso la policía quiso detenerlos pero sin éxito.

El 24 de julio Rosselló anunciaría su dimisión, entregando el gobierno el 2 de agosto. Su reemplazo ya se maneja en el Senado y la Cámara de Representantes.

El ex alcalde de Miami Maurice Ferré, quien es de Puerto Rico dice que es un «caos» lo que está sucediendo. No cree que las cosas cambien a pesar de la renuncia y la movilización popular.

«La isla no tiene capacidad para resolver sus dificultades, porque el inconveniente es con el Congreso estadounidense». Una disyuntiva que lleva 500 años enfrentando, primero como colonia de España y luego de Estados Unidos.

Los puertorriqueños están divididos entre los que desean ser un estado más de EEUU para tener en el Congreso voz y voto, los que quieren seguir siendo asociados y los que anhelan la independencia total.

Ferré piensa que no es independencia, pues quieren ‘todo’ sin pagar nada», haciendo referencia a la deuda de 120.000 millones de dólares que adquirió para sufragar las pensiones y que lleva tres años reestructurándose.

La administración estadounidense formó una junta federal que intenta contener el colapso financiero; actualmente la economía de la isla se soporta por la ayuda de emergencia. El profesor universitario Pedro Reina cree que para conseguir un cambio hay que transformar la legislación. La gente tiene fe y quiere un control real sobre el gobierno, pero el cambio debe ser de raíz.

El deseo colectivo es que la isla se estabilice económicamente, se acabe la corrupción definitivamente para vivir en paz.

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